El Buscador de Jorge Bucay

La ley del espejo

 




Un anciano que pasaba los días sentado en un banco de la plaza que estaba a la entrada del pueblo, era muy querido por sus vecinos y siempre contestaba con mucha sabiduría a cualquier pregunta que le hicieran.

Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

  • Hola, señor, acabo de llegar a este pueblo, ¿Me puede decir, cómo es la gente de este lugar?

  • Hola hijo, ¿De dónde vienes? Preguntó el anciano.

  • De un pueblo muy lejano.

  • Dime, ¿Cómo es la gente allí?

  • Son egoístas, envidiosos, malvados, estafadores… por eso me fui de aquel lugar en busca de mejores vecinos.

  • Lamento decírtelo, querido amigo, pero los habitantes de aquí son iguales a los de tu ciudad, son egoístas, envidiosos, malvados y estafadores.

El joven lo saludó y siguió su viaje


Al siguiente día pasó otro joven, que acercándose al anciano, le hizo la misma pregunta:

  • Acabo de llegar a este lugar, ¿Me podría decir cómo son los habitantes de esta ciudad?

  • ¿Cómo es la gente de la ciudad de dónde vienes?

  • Ellos son buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores… tenía tantos amigos, que me ha costado mucho separarme de ellos.

  • Los habitantes de esta localidad también son así. Respondió el anciano.

  • Gracias por su ayuda, me quedaré a vivir con ustedes.


Lo que tú eres es lo que te encontrarás, y lo que te encuentras es lo que eres. Para cambiar lo que nos rodea, tenemos que cambiar nosotros mismos. Todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti. Tú simplemente déjalo salir, compártelo con los demás y cuando menos te lo esperes regresará a tu vida

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