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Había una vez un caracol que se quejaba de que su concha era muy pequeña, no tenía espacio para vivir espaciosamente dentro. El caparazón del caracol era normal, ni más grande ni más pequeño que el del resto de caracoles de su tamaño. Pero él insistía que no había derecho, que porqué tenía que tener una casa tan pequeña, así que pidió a un cangrejo ermitaño que le enseñara a cambiar de concha.
El caracol se esforzó mucho y aprendió a cambiar de concha, ahora solo le faltaba encontrar una concha idónea. Ningún caparazón le parecía el correcto, todos para él eran pequeños, pero un día encontró un caparazón enorme, y cambió su concha. Estaba superbien dentro de su nueva concha, pero debido a su peso, no estaba en concordancia con su tamaño, no podía desplazarla, por lo que no podía moverse para ir a buscar hierba fresca sin salir de su concha. Pero si salía corría el riesgo que algún cangrejo ermitaño le robara su casa o que las hormigas o las cucarachas se la llevaran. Así que siempre estaba dentro sin poder moverse, aislado del resto de caracoles.
Tenemos que aprender a conformarnos con lo que tenemos, más posesiones implica más responsabilidad, más inseguridad (miedo a perderlo, a que nos lo roben, a que se dañe). Aprende a vivir con lo que realmente necesitas.
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