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Hace unos años se celebró el campeonato mundial de leñadores, los finalistas eran un canadiense y un noruego. Quien talara más árboles desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde ganaba, 8 horas cortando árboles. A las 8 empiezan y a las 9 menos 10 el canadiense deja de escuchar el golpeteo de su rival así que advierte la oportunidad y sube el ritmo. A las nueve el canadiense vuelve a escuchar la cadencia del noruego cortando árboles. A las 10 menos 10 el canadiense vuelve a escuchar que el noruego deja de talar, así que el canadiense vuelve a apretar para coger ventaja a su adversario.
A las 11 vuelve a ocurrir lo mismo, y así hora tras hora hasta que a las 4 de la tarde suena el silbato.
El canadiense estaba completamente convencido de que había ganado pero el vencedor es el noruego.
¿Cómo lo has hecho? - le pregunta el canadiense al noruego - si cada hora menos diez descansabas 10 minutos.
Mientras tú talabas yo afilaba el hacha.
No solo hay que trabajar, también hay que pararse a pensar en lo que se está haciendo y cómo mejorar o corregir, lo que se diría, afilar el hacha. No sirve de nada trabajar y trabajar sin saber realmente qué estamos haciendo lo correcto o que vamos en la buena dirección.

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