El Buscador de Jorge Bucay

El cuento de la lechera 2.0

 



Una familia vivía en su humilde granja con una vaca que daba muy poca leche, prácticamente la justa para alimentar a la familia. Un día la vaca dió más leche de lo normal y la madre de la familia le dijo a su hija, que fuese al mercado a vender la leche para conseguir unas monedas.

La joven lechera iba con su cántaro de leche en la cabeza pensando en las monedas que iba a ganar con la venta de la leche. Empezó a cavilar y pensó que si con esas monedas compraba unos huevos, esos huevos los podrían incubar las gallinas, esos pollitos los podría vender y comprar un lechoncito, ese lechoncito cuando creciera lo podría vender como un enorme cerdo, y vender ese cerdo y comprar un ternerito, y ese ternerito se convertiría en una enorme vaca que les proporcionaría más leche y que podrían vender en el mercado y conseguir más monedas. 

En estos pensamientos estaba absorta la joven lechera que no vio una piedra del camino, tropezó, y el cántaro se le cayó al suelo esparciendo toda la leche por el suelo.

La lechera volvió a casa y le explicó a su familia lo que le había ocurrido, pero también que ahora tenía un plan.

Convenció a su familia para guardar la leche de un día de la vaca, aún a costa de pasar hambre, y llevarla al mercado, vender la leche, comprar 12 huevos, incubar los 12 huevos hasta conseguir 12 pollitos, vender los 12 pollitos para comprar un lechoncito, criar el lechoncito hasta que se convirtiera en un gran cerdo, vender el cerdo y comprar un ternerito. Cuando el ternero se convirtiera en una gran vaca, vendería el sobrante de leche para conseguir, no más monedas, sino más huevos, más lechones y más terneritos. 


En el viejo cuento de la lechera, cuando se derrama la leche, la joven vuelve a casa y “aprende” a disfrutar del momento. Pero ¿qué pasa, cuando vamos más allá, sacamos un aprendizaje, y pasamos a la acción? 

Unas veces se gana y otras se aprende, si no conseguimos lo que queremos, al menos saquemos un aprendizaje.

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