- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Un anciano maestro estaba bebiendo té tranquilamente cuando un joven estudiante llamó a su puerta. El estudiante le explicó al maestro todos los títulos y conocimientos que había acumulado los últimos años. El estudiante estuvo narrando durante horas toda la experiencia y sapiencia que había atesorado. Ya era de noche cuando el joven terminó de explicar todo lo que sabía cuando le dijo al maestro:
He venido a que me enseñe los secretos su conocimiento
El anciano le miró y en silencio, ofreció al joven una taza de té y comenzó a verter el líquido de una tetera pequeña y reluciente. Con aire distraído, como sin darle mayor importancia, sirvió el té hasta que la infusión rebosó la taza, derramándose del recipiente y manchando el mantel, la mesa y el suelo.
¡Maestro! ¡La taza ya está llena, no puede seguir sirviendo té! - le advirtió el estudiante.
Exacto - respondió el maestro - Usted ha venido a mi casa para estudiar mis artes, pero ya trae la taza llena, ¿cómo cree que podría aprender algo? A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”.
Para aprender hay que hacerlo desde la humildad, y desde el “aprender”, cuando uno se acerca al conocimiento desde el “saber”, creyendo que se está en posesión de la verdad es difícil cultivar el nuevo aprendizaje, ya que creemos que estamos en posesión del conocimiento y por lo tanto, como la taza, no dejamos que entren nuevas formas de entendimiento y saber.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones

Comentarios
Publicar un comentario