El Buscador de Jorge Bucay

El dragón del castillo

 



Existía, hace muchos años, un pequeño poblado con un castillo en lo alto de la montaña. Un día un joven dragón llegó al poblado, arrasó todos los huertos, destrozó muchas de las casas de los aldeanos y se quedó dentro del castillo en lo alto de la montaña. 

Los aldeanos, atemorizados por el dragón, no reconstruían sus viviendas, ni cuidaban bien sus huertos, ya que temían que el dragón bajara de la montaña y volviera a destruir sus posesiones.  

Los aldeanos, que eran niños cuando llegó el dragón, se habían convertido en adolescentes fuertes y valientes, y llenos de valor y con la ayuda de todos los habitantes en edad de luchar se encaminaron hacia el castillo a matar al dragón. Cuando abrieron las puertas, se encontraron que el joven dragón ya era grande y fuerte, así que huyeron todos asustados.

El tiempo pasaba, y los habitantes del poblado seguían descuidando sus campos y sus casas, hasta que pasadas unas décadas, hartos de no prosperar y vivir en malas condiciones, decidieron prepararse para combatir al dragón, durante meses entrenaron, construyeron armas, y cuando estaban perfectamente preparados entraron con fuerza en el castillo. Se encontraron al dragón viejo, apenas se movía, echaba humo por la nariz, pero ya no era el terrible fuego de años atrás. Con poco esfuerzo los aldeanos mataron al dragón lamentando no haberse enfrentado antes al dragón. 


Este relato tiene dos aprendizajes sobre el miedo. Por un lado, que los miedos, como el dragón, cuando no se encaran se pueden enquistar y convertir en miedos terribles y difíciles de solucionar. A los temores hay que enfrentarse lo antes posible para que no se conviertan en grandes miedos, más difíciles de confrontar.

Por otro lado, que hay miedos, que nos parecen enormes e inabordables, y que cuando nos enfrentamos a ellos, no lo son tanto. 



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