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Hace varios siglos, había un niño que quería volar, el niño corría moviendo los brazos, pero no despegaba del suelo, el resto de muchachos se reían de él, pero él tenía clara su motivación y era obstinado, así que aprendió a correr más rápido, saltó desde ramas de árboles, y aún así no volaba.
El niño creció y se convirtió en adulto, ya no se limitaba a correr o saltar mas y mas alto, ahora estudiaba a las aves, se hizo alas con plumas, pero seguía sin volar. Siguió estudiando y haciendo experimentos y pruebas. Un día, al tender la ropa vió que una sábana echaba a volar con el viento, corrió detrás de la sabana, cogió fuerte la sábana por dos extremos y se dejó arrastrar por el suelo por ella. Otro día de viento asió la sábana más grande que tenía y se lanzó desde la rama del árbol más alto que encontró. Ese día no voló, pero pudo mantenerse en el aire unos segundos mientras planeaba hasta el suelo. La sensación que le embargó fue tan fuerte que hizo tejer una sábana enorme, capaz de envolver toda una casa, se la ató al cuerpo por los cuatro extremos y fue al borde de un acantilado, esperó a que soplara una gran ventada y se lanzó hacia el mar. El niño, ya adulto, cayó, pero el viento era fuerte y le llevaba de un sitio a otro alejándolo de la costa, fue impulsado para arriba, y vió a sus vecinos, aquellos que siempre pensaban que no podría volar, pequeños desde lo alto. El niño ya podía volar, había tardado tiempo, pero lo había conseguido, no exactamente como lo imaginó, pero volaba.Con fuerza de voluntad y constancia podemos conseguir lo inimaginable, igual no lo logramos exactamente como lo hemos imaginado, pero podemos alcanzar todo lo que nos propongamos, solo nos hace falta voluntad, constancia y actitud.
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