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Una madre había preparado la cena a su marido y sus dos hijas, cuando se sientan el padre y las hijas se encuentran que la tortilla que les ha preparado la mujer está completamente quemada. Una de las hijas le comenta a su padre:
Esto no puede ser casualidad, aquí hay algún mensaje.
La madre se sienta a la mesa y dice:
Que aproveche.
Perdona, cariño - contesta el marido - pero es que se te han quemado las tres tortillas, si fuese una, dividiríamos las otras dos, pero siendo las tres, no hay nada comestible que cenar.
La mujer le contesta:
Es cierto, cuando se me quemó la primera la iba a tirar y volver a preparar otra, pero he pensado, estos no tienen paladar, son como los cerdos, nunca han hecho comentario bueno de ninguna de las otras cenas, así que seguro que no notan la diferencia, así que he preparado las tres tortillas igual de quemadas. Ahora veo que estaba equivocada, que teneis gusto, y que por lo tanto sabéis diferenciar lo bueno de lo que no está bueno, os agradecería que la próxima vez que os prepare algo bueno me lo digáis.
Las cosas buenas las damos por supuestas, pero las cosas malas acostumbramos a criticarlas. Sería preferible señalar las cosas buenas y no dar importancia a las cosas malas. Es necesario el elogio para mantener los comportamientos positivos, elogiando, hasta lo evidente, hacemos un mundo mejor, criticando, empeoramos el mundo. Al elogiar no solo aumentamos la autoestima de a quien elogiamos, sino que también nos hacemos mejores personas. Cuando criticamos o reprochamos, empequeñecemos a la otra persona, pero también nosotros nos convertimos en peores personas.

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