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Una tribu indígena del Amazonas ideó una ocurrente forma de cazar monos. Fabricaron una caja de madera con un único hueco, suficientemente estrecho como para que solo quepa la mano abierta de un mono. Dentro de la caja ponían un plátano. Y repartían las cajas por diferentes lugares de la selva. Cuando uno de los monos se acercaba a la caja podía oler el plátano. Metía la mano por la ranura, y lo encontraba fácilmente. Pero no era capaz de sacar el plátano porque el tamaño del puño cerrado con el plátano era mayor que la ranura. Para escapar, el mono solo tenía que abrir la mano, soltar el plátano, y buscar otro, dándose cuenta que la selva está llena de plátanos. Pero el mono no lo hacía y se veía atrapado junto a la caja sin soltar el plátano, hasta que llegaban los cazadores de la tribu y lo capturaban.
En la vida, muchas veces, nos ocurre lo mismo que al mono, no soltamos lo que tenemos y nos quedamos atrapados. Sin darnos cuenta que la vida está llena de posibilidades y regalos, pero nos aferramos a una seguridad, que en realidad nos impide conocer y disfrutar de otras oportunidades. Es necesario abrir la mano y disfrutar de una vida libre y feliz, aunque llena de incertidumbres y sorpresas.

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